Culpa y vergüenza

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En términos generales, culpa y vergüenza son emociones que están relacionadas con la evaluación negativa de la conducta, proveniente de sí mismos o de los demás. Expresan la transgresión de una norma que se encuentra presente en sí y/o en la cultura, incumpliendo las normas que expresan estándares de conducta buenos, correctos, apropiados o deseables (Lewis, 1974). La psicología y la antropología culturales han desarrollado un trabajo particularmente importante movido por la complejidad de las relaciones de estas emociones con las creencias, culturas locales, los modelos religiosos e incluso, el impacto en la salud mental y su relevancia con la psicoterapia.

En términos generales, culpa y vergüenza son emociones que están relacionadas con la evaluación negativa de la conducta, proveniente de sí mismos o de los demás. Expresan la transgresión de una norma que se encuentra presente en sí y/o en la cultura, incumpliendo las normas que expresan estándares de conducta buenos, correctos, apropiados o deseables (Lewis, 1974). La psicología y la antropología culturales han desarrollado un trabajo particularmente importante movido por la complejidad de las relaciones de estas emociones con las creencias, culturas locales, los modelos religiosos e incluso, el impacto en la salud mental y su relevancia con la psicoterapia.

Diferenciación de los términos en la cultura

Estas emociones son concebidas como productos psicológicos con vínculos culturales extensos, como ha sido identificado muy tempranamente en la antropología cultural (Benedict, 1946; Kluckhohn, 1960; Mead, 1937). Algunos de estos rasgos incluso fueron identificados como expresiones culturales nacionales. Es el caso del juicio de la célebre antropóloga Ruth Benedict (1946), quien describió a la cultura japonesa como una cultura de la vergüenza (Shame) en contraste con la norteamericana, que reconoció como una cultura de la culpa.

Ambas emociones se vinculan con la transgresión de una norma, estableciendo la distinción a partir del origen del criterio de juicio que evalúa las acciones. En la vergüenza el código de valoración se impone externamente, mientras que en la culpa se impone internamente. Así la vergüenza proviene de la internalización de los juicios de valor de otros, haciendo sutil la diferencia. Culturalmente, las culturas de la vergüenza son lugares donde la comunidad controla el comportamiento de uno, mientras que en las culturas de culpa hay un mecanismo de control llamado “conciencia”, expresión con notas religiosas claras (Grey, Daly, Thomas y Marassas, 2018; Dein,2013).

Esta influencia cultural puede encontrar una correlación con la conducta, a pesar de ser más compleja. En el estudio de Milgram (1973), los sujetos experimentaban una reacción emocional displacentera ante la situación y sin embargo continuaron la prueba percibiendo que generaban dolor a los supuestos sujetos de la acción, motivados por un factor cultural dominante, la presencia del sujeto de autoridad. Había entonces una disonancia entre la reacción emocional punitiva y la voluntad, fenómeno que ya había sido descrito en la filosofía clásica como akrasia, “debilidad de la voluntad” (Bedford y Hwang, 2003).

Otro concepto clave al momento de estudiar la culpa y la vergüenza en la cultura es el de herencia cultural. La herencia cultural determina tanto el código moral que origina la valoración de los actos como valiosos o condenables (Benedict, 1946). La cultura también se correlaciona con la tendencia a inclinarse más hacia la culpa o vergüenza ante un acto que transgrede la norma cultural (Bedford y Hwang, 2003; Dein, S, 2013), e incluso el significado que se atribuye a la emoción (Boiger, M., De Deyne, S., & Mesquita, B, 2013). Las conductas que deben seguirse ante la emoción moral también implican notables variaciones de una cultura a otra (Benedict, 1946).

La relación entre identidad y emociones morales también es fuertemente permeada por el legado cultural particular (Bedford y Hwang, 2003). Las diferencias culturales en la expresión y características de culpa y vergüenza sugieren diferencias importantes en los sistemas morales de las culturas orientales y occidentales. Como parte de la herencia cristiana, hay evidencia del vínculo entre la transgresión de la norma en el origen de estas emociones y la punición como necesidad reparativa o consecuencia reparadora de la falta moral (Boiger, De Deyne, y Mesquita, 2013; Silverman, 2008). De forma predominante en la cultura occidental, la experiencia subjetiva de la culpa se acompaña del reconocimiento de responsabilidad por los resultados negativos del acto (DeRivera, 1984).

Modelos psicológicos

La conveniencia social y psicológica de estas emociones ha sido considerada desde diversos escenarios. En el modelo psicoterapéutico cognitivo conductual se define “culpa” como el extremo disfuncional de las emociones derivadas de la autoevaluación: se asume que existe una respuesta emocional sana ante la observación de nuestros actos y su concordancia con las exigencias que provienen de nuestra identidad, sería disfuncional cuando se asume una excesiva responsabilidad, obligatoria y extrema —rígida y sobreexigente— del rol que determina una cierta identidad. En esa circunstancia, la culpa conduciría a dolor emocional y una toma de decisiones inconveniente para los mejores intereses de la persona (Ellis y MacLaren, 2005).

En otras propuestas, la culpa es descrita como una emoción más evolucionada que la vergüenza, que expresa la responsabilidad personal por los propios actos y conduciría a sociedades más adaptadas, donde el otro es más visible y la contención propia permite una convivencia adecuada, autoregulada y respetuosa (Shi-xu. 2009). Por ejemplo, en una cultura de la culpa es posible que el transporte público no tenga obstáculos físicos que obliguen a los pasajeros el pago del tiquete, en una cultura de la vergüenza sólo funcionaría cuando la persona se encuentre expuesta —al menos potencialmente— a la observación de los otros, que actuarían como reguladores externos de las acciones. Así la identidad se presenta como uno de los factores culturales vinculados a culpa y vergüenza. A medida que se desarrolla una conciencia individual, se desarrolla un conjunto de normas y estándares para el comportamiento incorporándose así a una “comunidad normativa” (Covaleskie, 2013).

Códigos sociales como condición para la culpa y la vergüenza

Hay correlación entre las prácticas culturales y las emociones que se reconocen como beneficiosas en determinadas culturas (Boiger, De Deyne y Mesquita, 2013). Es más significativo cuando hay alguna correlación entre la identidad nacional y una religión particular. Así, participar de la perspectiva del origen de la vida en una religión implica un vínculo entre la identidad religiosa y el código moral que se propone (Dein, 2013).

Sin embargo, la existencia de una norma explícita no implica necesariamente que sea reconocida como una norma social, y por tanto, sólo el código prevalente socialmente conducirá a la vergüenza o a la culpa si es incorporado dentro del reconocimiento personal de la obligación. Puedo sentir culpa por romper las reglas con las que no comparto ningún compromiso, pero si siento vergüenza por romper la regla, es una señal de que soy uno de los que cree que “las buenas personas no rompen esa regla”. Así, puedo ser “culpable” sin sentir culpa, pero sólo me avergonzaré si siento vergüenza (Shi-xu, 2009; Bedford y Hwang, 2003).

Bibliografía

  • Bedford, O y Hwang, K-O. (2003). Guilt and Shame in Chinese Culture: A Cross-Cultural Framework from the Perspective of Morality and Identity. Journal for the Theory of Social Behaviour 33(2), 127-144.
  • Benedict, R. (1946). The Chrysantemum and the sword: Patters of Japanese culture. Boston: Houghton Mifflin
  • Boiger, M., De Deyne, S., & Mesquita, B. (2013). Emotions in "the world": Cultural practices, products, and meanings of anger and shame in two individualist cultures. Frontiers in Psychology, 4, Article 867.
  • Covaleskie, J. (2013). Membership and Moral Formation: Shame as an educational and social emotion. Information Age Publishing.
  • Dein, S. (2013). The Origins of Jewish Guilt: Psychological, Theological, and Cultural Perspectives. Journal of Spirituality in Mental Health, 15(2), 123. https://doi-org.ez.urosario.edu.co/10.1080/19349637.2012.737682
  • de Rivera, J. (1984). The structure of emotional relationships. Review of Personality & Social Psychology, 5, 116–145.
  • Ellis, A y MacLaren, C. (2005). Rational Emotive Behavior Therapy: A Therapist's Guide, Impact Publishers.
  • Grey, I., Daly, R., Thomas, J. & Marassas, W. (2018) The relationship between shame and guilt: cultural comparisons between Ireland and the United Arab Emirates, Mental Health, Religion & Culture, 21(3), 221-230.
  • Milgram, S. (1973). The perils of obedience. Harper’s Magazine, 247(1483), 62-77.
  • Kluckhohn, C. (1960). The moral order in the expanding society. En C. Kraeling & R.Lewis, H. B. (1974), Shame and Guilt in neurosis. International University Press.
  • Lewis, H. B. (1974). Shame and guilt in neurosis. International Universities Press.
  • Mead, M. (ed.) (1937). Cooperation and competition among primitive peoples. McGraw-Hill.
  • Shi-xu. (2009). Emotions of Guilt and Shame: Towards Historical and Intercultural Perspectives on Cultural Psychology. Culture & Psychology, 15(3), 363–371.
  • Silverman Jr., W. J. (2008). Paradise Lost and the Cultural Genetics of Shame, Remorse, and Guilt. Latch: A Journal for the Study of the Literary Artifacts in Theory, Culture or History, 1, 73.
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