Teorías del Desarrollo y el Sujeto Moral

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Los orígenes de la psicología moral se encuentran ubicados en los diversos estudios y las primeras teorías propuestas sobre el desarrollo moral. Esta investigación surge con el objetivo de explicar el origen y la evolución del sujeto capaz de acciones morales. Las principales características observadas en esta descripción inicial es que es una persona orientada por un razonamiento moral universalista, capaz de elaborar juicios abstractos y construir criterios de moralidad racionales (principios y normas), mediante un proceso de descentramiento, que supone el ejercicio autónomo de una conciencia moral propia, que se logra por etapas, a través de un proceso secuencial y ordenado que, solo parcialmente, puede explicarse por la experiencia particular de cada individuo. En general, las teorías cognitivas explican la conducta moral en términos de los mecanismos o procesos internos, sin desconocer la influencia de factores contextuales, pero con primacía de las características individuales en sus modelos.


De esta manera, el primer debate que reconstruiremos serán precisamente estas múltiples formas de entender el desarrollo moral de los sujetos, partiendo de las etapas del desarrollo moral propuestas por Kohlberg y continuando con las críticas que se presentan desde el feminismo de Gilligan y alternativas como las presentes en Turiel y los enfoques cognitivistas. En un segundo momento se expondrán las interpretaciones y teorías del sujeto moral de acuerdo con sus relaciones sociales y culturales.

Los orígenes de la psicología moral se encuentran ubicados en los diversos estudios y las primeras teorías propuestas sobre el desarrollo moral. Esta investigación surge con el objetivo de explicar el origen y la evolución del sujeto capaz de acciones morales. Las principales características observadas en esta descripción inicial es que es una persona orientada por un razonamiento moral universalista, capaz de elaborar juicios abstractos y construir criterios de moralidad racionales (principios y normas), mediante un proceso de descentramiento, que supone el ejercicio autónomo de una conciencia moral propia, que se logra por etapas, a través de un proceso secuencial y ordenado que, solo parcialmente, puede explicarse por la experiencia particular de cada individuo. En general, las teorías cognitivas explican la conducta moral en términos de los mecanismos o procesos internos, sin desconocer la influencia de factores contextuales, pero con primacía de las características individuales en sus modelos.


De esta manera, el primer debate que reconstruiremos serán precisamente estas múltiples formas de entender el desarrollo moral de los sujetos, partiendo de las etapas del desarrollo moral propuestas por Kohlberg y continuando con las críticas que se presentan desde el feminismo de Gilligan y alternativas como las presentes en Turiel y los enfoques cognitivistas. En un segundo momento se expondrán las interpretaciones y teorías del sujeto moral de acuerdo con sus relaciones sociales y culturales.

Las etapas del desarrollo moral de Kohlberg

Lawrence Kohlberg propone la que algunos han considerado como la más influyente de las teorías del desarrollo moral. En ella presenta cómo las personas pueden ubicarse en 3 niveles y seis etapas del desarrollo moral. A continuación reproducimos su propia presentación:

I. Nivel preconvencional

En este nivel, el niño responde a las reglas culturales y las etiquetas de bueno y malo, correcto o incorrecto; pero interpreta estas etiquetas en términos de las consecuencias físicas o hedonistas de la acción (castigo, recompensa, intercambio de favores) o en términos del poder físico de aquellos que emiten las reglas y etiquetas. El nivel se divide en las siguientes dos etapas:

Etapa 1: La orientación al castigo y la obediencia. Las consecuencias físicas de la acción determinan su bondad o maldad, independientemente del significado humano o el valor de estas consecuencias. Evitar el castigo y la deferencia incuestionable al poder se valoran por derecho propio; no en términos de respeto por un orden moral subyacente respaldado por el castigo y la autoridad (esta última es la etapa 4).

Etapa 2: La orientación instrumental-relativista. La acción correcta consiste en aquello que instrumentalmente satisface las propias necesidades y ocasionalmente las necesidades de los demás. Las relaciones humanas se ven en términos similares a los del mercado. Hay presentes elementos de equidad, reciprocidad e igual reparto, pero siempre se interpretan de una manera física pragmática. La reciprocidad se entiende como una cuestión de "me rascas la espalda y yo te rasco la tuya", no de lealtad, gratitud o justicia.

II Nivel convencional

En este nivel, alcanzar las expectativas de la familia, el grupo o la nación a la que pertenece el individuo se percibe como valioso por sí mismo, independientemente de las consecuencias inmediatas y obvias. La actitud no es solo de conformidad con las expectativas personales y el orden social, sino también de lealtad a ella, de mantener, apoyar y justificar activamente el orden, y de identificarse con las personas o el grupo involucrado en él. En este nivel, se encuentran las siguientes dos etapas:

Etapa 3: La concordancia interpersonal o la orientación "buen chico - buena chica". El buen comportamiento aquel que agrada o ayuda a otros y es aprobado por ellos. Hay mucha conformidad con las imágenes estereotipadas de lo que es comportamiento mayoritario o "natural". El comportamiento es frecuentemente juzgado por la intención: "él tiene buenas intenciones" se vuelve importante por primera vez. Uno se gana la aprobación al ser "agradable".

Etapa 4: La orientación de "ley y orden". Hay orientación hacia la autoridad, reglas fijas y el mantenimiento del orden social. El comportamiento correcto consiste en cumplir con el deber, mostrar respeto por la autoridad y mantener el orden social dado como si fueran valores propios.

III. Nivel posconvencional, autónomo o de principios

En este nivel, existe un esfuerzo claro para definir los valores y principios morales que tienen validez y aplicación, más allá de la autoridad de los grupos o personas que poseen estos principios y de la identificación del individuo con estos grupos. Este nivel nuevamente tiene dos etapas:

Etapa 5: La orientación legalista del contrato social, generalmente con connotaciones utilitarias. La acción correcta tiende a definirse en términos de derechos individuales generales y estándares que han sido examinados críticamente y acordados por toda la sociedad. Existe una clara conciencia del relativismo de los valores y las opiniones personales, lo que se corresponde en un énfasis sobre las reglas procedimentales para llegar a un consenso. Aparte de los acuerdos constitucionales y democráticos, el derecho es una cuestión de "valores" y "opinión" personales. El resultado es un énfasis en el "punto de vista legal", pero con énfasis en la posibilidad de cambiar la ley en términos de consideraciones racionales de utilidad social (en lugar de congelarla en términos de la etapa 4 "ley y orden") Fuera del ámbito legal, el libre acuerdo y contrato es el elemento vinculante de la obligación. Esta es la moralidad "oficial" del gobierno y la constitución estadounidenses.

Etapa 6: La orientación al principio ético universal. Lo correcto se define por la decisión de la conciencia de acuerdo con los principios éticos que uno mismo ha elegido apelando a su comprensión lógica, universalidad y coherencia. Estos principios son abstractos y éticos (la regla de oro, el imperativo categórico); no son reglas morales concretas como los Diez Mandamientos. En el fondo, estos son principios universales de justicia, de reciprocidad e igualdad de los derechos humanos y de respeto a la dignidad de los seres humanos como personas individuales

(Kohlberg, 1973; traducción propia).

Como se observa, estas diferentes etapas del juicio moral se encuentran ordenadas de acuerdo con el razonamiento y la justificación que llevan a una acción, no en la acción en particular. Tomemos como ejemplo la aplicación del consentimiento informado en psicología para explicar la forma en que puede darse en cualquiera de las seis etapas. Un psicólogo que lleva a cabo el consentimiento informado porque así se lo dijeron en su formación, lo demanda la institución, o para evitar una sanción está razonando en la primera etapa. Quien se ha dado cuenta que al realizarlo puede además evitar las consecuencias de efectos secundarios de su labor, en la medida que ellos han sido “explicados” en el consentimiento y, por lo tanto, fue el usuario quién aceptó el riesgo está en la segunda etapa. En la tercera etapa se puede introducir una noción como la del “buen psicólogo”; este profesional entiende que existen buenas prácticas profesionales, una de las cuáles es el consentimiento informado. Cuando el por qué del respeto al secreto se encuentra dado por la observancia de la ley 1090 de 2006 y el Manual Deontológico y Bioético del Psicólogo, entonces hay un razonamiento de la cuarta etapa. Al llegar a la quinta etapa, se comprende que el consentimiento informado es importante para que pueda existir un acuerdo en la práctica que respete las diferencias individuales y que el usuario pueda entender el proceso de prestación de servicios psicológicos. Finalmente, en la sexta etapa el consentimiento se convierte en solamente uno de los mecanismos que el psicólogo para poder respetar la autonomía y la dignidad humana de su usuario, entendiendo que este principio debe regir toda la relación profesional.

Gilligan y una perspectiva femenina de la moralidad

Cabe aclarar que estas etapas del desarrollo no son universalmente aceptadas. En particular, debe notarse que existe una noción fuertemente individualista enfocada a la emisión de juicios que, de acuerdo con Carol Gilligan en In a Different Voice (1993), se corresponde con una noción masculina del desarrollo moral. A diferencia de esto, la autora propone que, en concordancia con la ética del cuidado, podemos encontrar también tres niveles del desarrollo moral en una postura que no se fundamente en el desarrollo de capacidades cognitivas o de razonamiento, sino en una modificación de la noción del yo (self). Así, para la autora se lleva a cabo un paso desde una etapa preconvencional, donde las justificaciones se encuentran dadas principalmente por el egoísmo, a una etapa convencional donde se concibe el cuidado del otro y el sacrificio personal como algo bueno, hasta una etapa posconvencional dónde además se incluyen las consideraciones del autocuidado, la no-violencia y el cuidado del entorno.

Para Yañez-Canal y Mojica (2010), el último estadio de desarrollo moral planteado por Kohlberg tiene doble significación. La primera, por su sentido más filosófico que psicológico, al expresar “la aceptación de posturas deontológicas y cognitivas de la filosofía moral como referentes para diferenciar lo correcto (formulado de manera incondicional, sin relación con los intereses particulares de los sujetos, ni con los variados ideales de realización de las perspectivas religiosas, políticas o filosóficas)” (p. 3). La segunda, al constituirse en “justificación para la comprensión de la direccionalidad de todo desarrollo moral de los sujetos en términos de progreso” (p. 3). Estos autores cuestionan la concepción estructuralista del desarrollo moral que excluye los contenidos sociales y afectivos característicos de las situaciones morales que también involucran al agente.

Las diferencias de género en el desarrollo moral fueron estudiadas ampliamente a partir de la propuesta de Gilligan, como lo describen Yañez-Canal y Perdomo (2010), para quienes la variedad de conceptualizaciones de lo moral, de metodologías de investigación y de niveles y tipos de análisis de distintas procedencias teóricas, llevan a resultados diferentes poco relevantes sobre el juicio moral y las diferencias sexuales.

Con base en la teoría de Gilligan, al momento de evaluar el desarrollo moral de los individuos, no se estaría haciendo una pregunta sobre el juicio y las razones que llevan a un sujeto a tomar un camino de acción particular. Esta noción racionalista se ve transformada en una pregunta por las actitudes y consideraciones que tiene un sujeto al momento de llevar a cabo la acción. La manera en que este tipo de desarrollo moral se encuentra presente en la práctica psicológica puede observarse a profundidad en la sección dedicada a la ética del cuidado del módulo dos del presente curso. Sin embargo, al ejemplificarlo de la misma manera que las etapas del desarrollo de Kohlberg, podríamos ver que en la etapa preconvencional, se lleva a cabo una práctica como el consentimiento informado para protegerse de posibles consecuencias negativas. En el siguiente nivel, la etapa convencional, comprendo que esta práctica se da para que el usuario pueda entender la intervención psicológica, conocer los límites de la intervención y pueda hacer valer sus derechos, entre otras consideraciones. Finalmente, en una etapa posconvencional, puedo comprender que el consentimiento informado es una práctica que permite entablar el diálogo con el usuario, comunicándonos de manera efectiva de tal modo que tanto sus necesidades como mis limitantes y capacidades de intervención queden claras, llevando a cabo una práctica que permita voluntariamente entablar un proceso de intervención bien comprendido por las partes.

Teoría de los Dominios de Turiel

Conozca más a fondo esta teoría en el artículo Modelos del razonamiento y juicio moral

Turiel (1983) critica la concepción de etapas sucesivas de la teoría de Kohlberg y propone la teoría de los dominios, en la cual el razonamiento moral (dominio moral) es diferente de otras formas de conocimiento social (dominio de la convención) y del conocimiento de uno mismo (dominio personal). Los tres dominios se desarrollan en paralelo desde los primeros años y lo que caracteriza el dominio moral son los conceptos de daño físico y psicológico, derechos, justicia, libertad. La metodología incluye la presentación de situaciones y análisis de las evaluaciones de las acciones (propias o de otros), de las razones de la evaluación, de la identificación de autoridad, alterabilidad o generalidad de la regla, alternativas de sanción, entre otras.

Shweder, Mahapatra & Miller (1987) también consideraron problemática la concepción de etapas en el desarrollo moral, con base en investigaciones que la contradecían, al mostrar que, ante situaciones morales, tanto niños como adultos mezclaban conceptos y principios de las diferentes subetapas descritas por Kohlberg. Formularon la teoría de la comunicación social, compatible con la de Turiel (1983), según la cual, la idea de obligación moral es universal y puede estar separada ideológicamente de la idea de orden social o convención.

Enfoques cognitivos del pensamiento moral

 

En la revisión de los enfoques cognitivos del pensamiento moral en la década de los 80, Deel & Amaral (2019) creen importante mencionar la taxonomía de las ideologías éticas de Forsyth (Forsyth & Pope, 1984; Forsyth, 1980, como son citados en Deel & Amaral, 2019), porque consideró las diferencias individuales, en función de dichas ideologías, mientras para las filosofías deontológicas y utilitaristas, las bases del razonamiento moral eran invariantes. La escala de Forsyth (Cuestionario de Posición Ética – EPQ por sus siglas en inglés) ubica a las personas en cuatro ideologías éticas, aunque ellas pueden cambiar:

  • Situacionistas: confían en la obtención de consecuencias positiva y consideran que los principios son relativos porque los juicios morales deben basarse en un análisis contextual que incluya todos los factores;
  • Absolutistas: también son idealistas en cuanto a esperar consecuencias positivas, pero basan sus juicios morales en principios universales inviolables;
  • Subjetivistas: son relativistas (escépticos respecto a los principios morales), pero menos idealistas y prefieren confiar en los propios valores personales;
  • Excepcionalistas: se adhieren a principios morales, pero admiten la necesidad de considerar excepciones a los absolutos.

Por su parte, Villegas de Posada (1995) afirma que, por el énfasis de los enfoques cognitivos, la psicología, en comparación con otras disciplinas, poco se había preocupado de la acción inmoral motivada por consideraciones circunstanciales, a pesar de conocer lo que es ético. Replantea las etapas de Kohlberg en términos de un modelo de la acción estratégica de costo-beneficio, para entender tanto la acción ética como la anti-ética, pero que no aplicaría para la sexta etapa. En esta, la acción moral sería congruente con una solidaridad con el ser humano en general, y con una preocupación por la sociedad.

Perspectiva social y cultural

Otra fuente en el inicio de la Psicología Moral son las perspectivas de la psicología social y cultural interesadas en teorizar sobre la formación del sujeto moral a partir del análisis de las condiciones de socialización, con los componentes socio afectivos, cognitivos y simbólicos, en sus dimensiones prácticas y concretas, asociadas a acciones clasificadas como morales. En el debate con las teorías cognitivas, Nisbett & Wilson (1977) habían sugerido la dificultad de las personas para articular sus propias emociones, pensamientos y reflexiones.

La teoría de los modelos relacionales propuesta por Fiske (1991, 1992) fue un medio para comprender y caracterizar la coordinación motivada de las relaciones sociales. La teoría explica la vida social como un proceso de búsqueda, construcción, mantenimiento, reparación, ajuste, juicio y sanción de relaciones. Formula cuatro modelos mentales, esquemas o gramáticas, básicos para esa coordinación de casi todas las relaciones sociales:

  • Compartir comunal (comunal sharing): aplica cuando se percibe gente en un mismo grupo como indiferenciada y equivalente en una característica saliente, mientras otros no lo son; es el caso de familias, equipos, unidades militares, nacionalidades, grupos étnicos y algunas amistades cercanas. El motivo moral principal en este modelo es el de unidad, que requiere proveer ayuda de forma desinteresada, sin esperar reciprocidad posterior, como se ha formulado en los análisis de relaciones comunitarias, formas de justicia distributiva basadas en necesidades, en la ética del cuidado formulada por Gilligan y en las teorías del favoritismo al interior de los grupos.
  • Ordenamiento de la autoridad (authority ranking): es un ordenamiento lineal en el cual cada persona tiene una posición inferior o superior respecto a otra respecto de la autoridad entre ellas.
  • Aparejamiento por igualdad (equality matching): hay una estructura relacional en la cual la gente puede cuantificar y hacer comparaciones en las relaciones, por ejemplo, en cuanto a favores, para concluir balance o imbalance
  • Precios del mercado (market pricing). las relaciones se organizan como los números racionales y la ley distributiva (escalas de razón).

Estos modelos son reconocidos desde edades tempranas y son guías para anticipar e interpretar la conducta de los demás, coordinar la acción social y formar los juicios morales. De acuerdo con esta teoría, en todas las culturas suceden permutaciones y combinaciones de los cuatro modelos, que dan lugar al sentido de yo, a estructurar normas y motivos, a los roles sociales y a las instituciones. Fiske afirmaba que gran parte del pensamiento social y económico occidental estaba orientado por el modelo de los precios del mercado, con primacía del interés individual, en contraposición con otras culturas, estudiadas por él, más orientadas al bien común y la solidaridad.

Por la misma época, Rest (1986) limitó el papel de los procesos cognitivos en el juicio moral y propuso la existencia de fuerzas evolucionarias, con función de motivación de la tendencia a cooperar; relacionó la moralidad con el equilibrio social a partir de reglas acordadas entre los individuos, pero también reconoció la automaticidad y poca deliberación en los procesos morales. Este autor definió la sensibilidad moral como la capacidad de interpretar una situación particular en términos de acciones posibles y las afectaciones propias y de los otros por dichas acciones. Posteriormente, este autor participó en la formulación de la teoría de los cuatro componentes de la acción moral: sensibilidad moral, juicio moral, motivación moral e implementación, concebidos como procesos internos y unidad de análisis para entender la conducta moral y proponer programas de educación moral. En cada componente hay interjuego entre cognición y afecto, lo que implica que no hay acción moral separable de los afectos y las cogniciones que le dieron lugar (Narvaez & Rest, 1995).

Otro grupo de trabajos proviene de la teoría del aprendizaje social de Bandura que posteriormente fue reformulada como teoría social cognitiva (Bandura, 1986), de acuerdo con la cual, la agencia moral requiere de mecanismos de autorregulación, además del razonamiento moral; por lo tanto, una teoría de la moralidad debe especificar dichos mecanismos. Uno de esos mecanismos es la anticipación de sanciones autoimpuestas para mantener consistencia con estándares internos; la teoría menciona tres subfunciones del sistema de autorregulación: el automonitoreo, el juicio y la autorreactividad (Bandura, 2002; Bandura, Barbaranelli, Caprara & Pastorelli, 1996). La formulación del concepto de autoeficacia (Bandura, 1977) también ha sido relevante en el campo aplicado de la educación moral.

Respecto a la tesis de la insensibilidad de la conducta moral a los factores culturales o la situación social particular, los resultados de Lysonski & Gaidis (1991) en la investigación en Estados Unidos, Dinamarca y Nueva Zelanda, sobre reacciones a dilemas éticos con contenidos de control coercitivo, conflictos de interés, paternalismo, integridad personal, entre otros, no mostraron diferencias entre países, pero seguía siendo cuestionada por científicos sociales como puede verse en el libro de Van den Berghe (1981), donde se discute la necesidad de una nueva ética que contrarreste las condiciones no naturales de la era industrial, y posteriormente en Nettle & Dunbar (1997), para quienes las normas morales sociales, en cuanto marcadores culturales, siendo el lenguaje el principal, servían a un propósito evolucionario, al facilitar conductas altruistas y de reciprocidad (ver también Miller, Bersoff, & Harwood, 1990).

Bibliografía

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  • Bandura, A., Barbaranelli, C., Caprara, G.V., & Pastorelli, C. (1996). Mechanisms of Moral Disengagement in the Exercise of Moral Agency. Journal of Personality and Social Psychology, 71(2), 364-374. https://doi.org/10.1037/0022-3514.71.2.364
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  • Fiske, A. P. (1992). The Four Elementary Forms of Sociality: Framework for a Unified Theory of Social Relations. Psychological Review, 99 (4), 689-723.
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  • Nettle, D., & Dunbar, R. I. M. (1997). Social markers and the evolution of reciprocal exchange. Current Anthropology, 38, 93-99. https://doi.org/10.1086/204588
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  • Turiel, E. (1983) The Development of Social Knowledge: Morality and Convention. Cambridge University Press.
  • Van den Berghe, P. L. (1981). The ethnic phenomenon. Praeger
  • Villegas de Posada, M.C. (1995). Acción moral. De una moralidad estratégica a una moralidad de principios o solidaridad. Revista Latinoamericana de Psicología, 27 (3), 464-470. https://www.redalyc.org/pdf/805/80527305.pdf
  • Yáñez-Canal, J., & Mojica, A. (2010). Moral, Desarrollo y Psicología. Universidad Piloto de Colombia. Disponible en https://www.academia.edu/4975607/MORAL_DESARROLLO_Y_PSICOLOG%C3%8DA
  • Yáñez-Canal, J., & Perdomo, A. (2010). Los dominios del desarrollo socio moral: una nueva propuesta sobre el desarrollo. Horizontes Pedagógicos, 11, 55-66.

 

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