Práctica de la psicología en Entornos Virtuales

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Por: Orlando Enrique Uribe para Eticapsicologica.org

La masificación del uso de Internet y las diferentes plataformas disponibles a través de él ha traído consigo nuevos retos y oportunidades para la psicología. Al modificar las posibilidades de comunicación, el uso de la red da paso a nuevos tipos de relaciones entre todos los actores de la labor psicológica que han de ser atendidos. En el presente artículo se explorará la manera como los espacios digitales terminan por afectar las exigencias que se presentan a los psicólogos desde la ética y la deontología profesional a los psicólogos desde tres perspectivas centrales: los cambios en las necesidades por parte de los usuarios, los cuidados que ha de tener el psicólogo al momento de prestar sus servicios profesionales a través de Internet y las dificultades de llevar a cabo investigaciones en línea.

Por: Orlando Enrique Uribe para Eticapsicologica.org

La masificación del uso de Internet y las diferentes plataformas disponibles a través de él ha traído consigo nuevos retos y oportunidades para la psicología. Al modificar las posibilidades de comunicación, el uso de la red da paso a nuevos tipos de relaciones entre todos los actores de la labor psicológica que han de ser atendidos. En el presente artículo se explorará la manera como los espacios digitales terminan por afectar las exigencias que se presentan a los psicólogos desde la ética y la deontología profesional a los psicólogos desde tres perspectivas centrales: los cambios en las necesidades por parte de los usuarios, los cuidados que ha de tener el psicólogo al momento de prestar sus servicios profesionales a través de Internet y las dificultades de llevar a cabo investigaciones en línea.

Contexto:

El reto que presenta Internet a la psicología no es exclusivamente el relacionado con la implementación de una nueva tecnología dentro de sus prácticas, sino que también implica una importante actualización en su campo de estudio. El surgimiento de la ciberpsicología[notas 1] como un tema de investigación se da en la medida en que la aceptación de estas nuevas tecnologías ha traído consigo nuevas maneras de representar la identidad propia, la creación de burbujas informacionales, la facilitación de comportamientos agresivos y la oportunidad de aplicar técnicas que modifiquen la relación psicólogo-usuario, entre otras modificaciones. Sin embargo, que estos cambios sean profundos al nivel de constituir realmente nuevas problemáticas, y no simplemente una manifestación de las ya existentes en un nuevo medio, requiere comprender el contexto en el que se desarrolla la participación de los usuarios en Internet. Cabe aclarar que abarcar las formas en que la sociedad ha cambiado gracias a la expansión de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TICS) se encuentra más allá del alcance del presente artículo[notas 2], solo se procurará señalar en esta sección de contexto algunasde las formas en que han afectado directamente a la profesión.

El yo virtual

Existen dos niveles en los que se puede entender la constitución del yo virtual: el surgimiento de un ente en el espacio virtual y la manera como este ente es una representación de las características personales. El primero, es el proceso por el cúal en un espacio que inicialmente parece carente de cualquier individualidad, donde solo encontramos usuarios, avatares y datos se termina por construir la identidad de un sujeto que es aceptado dentro de una comunidad particular. Desde redes anónimas -como 4chan, Reddit o diferentes foros especializados- en las que los usuarios pueden rastrearse por sus sobrenombres, avatares o simplemente su forma de interactuar con la comunidad hasta las redes sociales que buscan ser una extensión de nuestra vida social real -como Facebook o Google Plus- se observan espacios en los cuales la existencia del usuario se ve constituida por las acciones que lleve a cabo. "La vida en línea se vive a través de la persona de los usuarios de la tecnología, no de los usuarios en sí mismos” [1] y es por eso que allí lo importante no es el cuerpo y o el sujeto físico particular sino la construcción de la persona participante que se hace en el marco digital; aun cuando esta persona se alimente de la identidad física del usuario esto no implica que ambas sean una misma cosa: mi cuenta de Facebook y yo no somos lo mismo. Esta persona es una “mezcla compleja de identidad (negociada, recibida y cultivada), autoridad legitimada socialmente, […] y situada en un cuerpo culturalmente legitimado” [1] que se construye exclusivamente en la participación en la comunidad virtual; la persona virtual une en un solo punto las diferentes acciones (como publicaciones, respuestas, tiempos de actividad, roles desempeñados, actitudes manifestadas) llevadas a cabo en una plataforma, sus capacidades de acción permitidas de acuerdo con las reglas internas (por ejemplo el ser un usuario, moderador o administrador) que hacen referencia al tipo de usuario que pueda existir dentro del sitio y las interacciones que se den con los demás participantes. El proceso de construcción de esta persona ocurre cuando los miembros se integran en la comunidad virtual; en ella no existe ninguna información relevante sobre el ser humano que es en el espacio físico y la persona que será en la virtualidad. En el espacio digital se permite la elaboración de la persona de acuerdo con los intereses del participante que puede o no corresponderse con el sujeto que se desenvuelve en la sociedad y desempeña sus roles tradicionales, pero esto no es un requisito para una participación significativa dentro de la comunidad virtual ni existe en ella una conexión objetiva con el mundo que constriña las posibles manifestaciones de esta persona.

Este proceso de construcción de la persona digital es llevado a cabo por un individuo particular que alimentará dicha persona. Este vínculo que se establece entre el sujeto y la persona digital puede, según[2], terminar por convertirse en otra faceta de la identidad personal; de la misma manera que se tiene una persona pública y una privada, los sujetos pueden contar con una persona digital. En un estudio publicado en el año 2012 Se encontró que existe un proceso mediante el cual elementos de la personalidad de cada uno de los usuarios se transfieren y son manifestados por sus avatares en mundos virtuales de juegos (World of Warcraft):

A pesar de que los participantes pudieran sentirse psicológicamente conectados a sus avatares, el alcance y la subsecuente manifestación de comportamiento se encontró limitada. Una razón principal para esto puede ser el contenido y propósito del entorno virtual. Las limitaciones y posibilidades del sistema están diseñadas para que los participantes logren metas establecidas dentro del sistema. Por esto, comportamientos y contenidos que no sean importantes [para el sistema] y que se relacionan directamente con facetas de la personalidad son eliminados del diseño. [3]

De esta manera se puede observar que el sujeto se encuentra conectado a esta persona, pero que los aspectos de su personalidad que se harán evidentes dependerán de las características del entorno. Así como Facebook motivará a los usuarios a demostrar diferentes aspectos sociales de la personalidad (como extroversión), un juego cooperativo motivará a los participantes a ponerse de acuerdo unos con otros para alcanzar metas comunes en el entorno virtual (Agreeableness). De esta manera el avatar que se manifiesta en cada una de las plataformas no es equivalente directamente al individuo que lo usa sino “una proyección de características psicológicas (e.g. rasgos de la personalidad) que son necesarios para trabajar en conjunto con […] el entorno en el que el avatar existe” [3].

Esta relación de dos partes entre el usuario y su avatar trae consigo una responsabilidad ética para el psicólogo al momento de utilizar la información sobre su actividad digital como parte de su toma de decisión. Casos como los presentados en colegios donde los estudiantes reportan en línea actividades que no se considerarían como aceptables y que requerirían una intervención inmediata[notas 3], empresas que busquen hacer un seguimiento en redes sociales a las actividades de sus empleados y de acuerdo a ello tomar decisiones laborales[notas 4], o casos criminales en los que se evalué a una persona por las actividades que lleve a cabo en foros específicos[notas 5], entre muchas otras formas como la actividad en Internet por parte del usuario informan al psicólogo del camino a seguir, deberán ser tratados con un cuidado especial. Para garantizar la beneficencia y poder intervenir de manera adecuada, el profesional deberá actualizar sus conocimientos de tal manera que pueda interpretar correctamente este nuevo componente de la identidad personal y así lleve a cabo una actuación técnicamente correcta. Reconocer esta diferencia y entender cómo una persona digital puede ser un constructo particular debe ser un cuidado desde el Principio de Justicia: si se asignan juicios o se anticipan conclusiones al asumir que la actividad en línea del usuario es un claro indicador de algo más que un “yo virtual”, se estará llevando a cabo un proceso similar al de actuar de acuerdo a los prejuicios. Esto no quiere decir que el psicólogo no pueda utilizar la actividad digital del usuario como una fuente de información, ni que esta persona no tenga una conexión con el proceso técnico de la toma de decisión; lo que quiere decir es que el psicólogo deberá tener una actitud particularmente prudente ante esta información y, en esta línea, asegurarse siempre de validarla.

Burbujas informacionales

Un riesgo tanto para el psicólogo como para el usuario es caer en una Burbuja Informacional que puede ser generada por la actividad en línea. Al unir dos factores de la validación de creencias -el sesgo de confirmación[4] que indica la preferencia por parte de las personas hacia la información que corrobora sus creencias; y la exposición selectiva[5] que lleva a los individuos a buscar la información que es acorde con sus propias teorías- son dos características de la actividad en Internet –la existencia de una burbuja filtro creada por los algoritmos de buscadores y redes sociales para presentar a sus usuarios la información que tendrán más posibilidades de consumir (hacer click, comprar, ver, leer, etc…) de tal manera que a cada usuario presenta resultados independientes; y la existencia de clusters (agrupaciones) comunitarios en los que “Algunos temas populares desarrollan múltiples grupos pequeños, los cuales se organizan entorno a unos pocos ejes, cada uno con su propia audiencia, influenciadores y fuentes de información- se construye en línea un entorno en donde pueden surgir comunidades netamente cerradas.

Estas agrupaciones de personas de acuerdo a diferentes intereses podrán dar la impresión a sus miembros de ser una representación del espectro completo de opiniones, hechos e información disponible en el mundo; este proceso se presenta en la medida en que se unen de acuerdo a antecedentes, información y creencias similares, que sus miembros desean buscar y estan dispuestos a aceptar; los medios a los que se encuentran expuestos no retarán estas creencias y el contacto con personas externas a este grupo será limitado. En la medida en que la actividad social de los sujetos se dé más dentro de estas comunidades cerradas, limitando su interacción a este círculo, mayor perspectiva se perderá de la visión general y aceptada en el mundo[notas 6]. La burbuja informacional en la que un sujeto inmerso se mueve es, entonces, una que no garantiza una relación con los conocimientos, las opiniones y los hechos reales y comprobados.

Quiero compartir una anécdota personal para evidenciar cómo pueden presentarse estas burbujas informacionales. Para las elecciones de la Alcaldía de Bogotá en el año 2015 había un candidato que, de haberme guiado por toda la información que me llegaba, debería ser el claro ganador. En Facebook, la mayoría de noticias y artículos sobre candidatos que aparecían en mi muro trataban sobre sus propuestas, apariciones públicas o avances en la opinión popular. En conversaciones directas o pequeños foros grupales de discusión dónde hablaba con mis amigos, familiares y conocidos era una opción, alguien que todos respetaban de diversas maneras y por quien se procuraba inclinar la intención de voto de los demás participantes en el diálogo; de hecho, era claro que la mayoría abrumadora pensaba votar por él. Las noticias que me llegaban de los principales medios locales a través de Twitter así como algunos de los boletines de correo a los que estaba inscrito siempre lo mencionaban. Todo esto me haría pensar que era un candidato popular, bien recibido y con altas posibilidades de ganar las elecciones, dato que solamente era contradicho por los resultados de las encuestas y, finalmente, por los de la elección. Yo me encontraba claramente en una burbuja de información dado que este candidato logró una votación de menos del 1%, nunca tuvo una posibilidad real de alcanzar el cargo y, para la mayoría de la población, ni siquiera era conocido.

Es responsabilidad del psicólogo para poder desempeñar íntegramente la profesión descartar que él o el usuario se encuentran envueltos en esta clase de burbujas. Si el usuario se halla en este tipo de burbujas respecto a la naturaleza, resultados esperados, o alcance de la intervención psicológica, así como sobre las descripciones de su propia salud mental, se podrá generar una brecha con el psicólogo. Estando atento a la existencia, causa y razones que llevan a estas diferentes visiones se pueden establecer las condiciones propicias para un diálogo efectivo que permita llevar a cabo una labor éticamente válida y técnicamente acertada mediante procesos que faciliten un puente entre la burbuja en que se encuentra el usuario y los contenidos validados por la profesión. Por otra parte, también existe el riesgo para el psicólogo de encerrarse en una burbuja de este tipo en el desarrollo de la profesión. La psicología es una disciplina viva donde el desarrollo de nuevas técnicas se presenta con frecuencia, presentando resultados prometedores y avances satisfactorios. Sin embargo, el psicólogo tiene el riesgo de comprometerse en exceso con una de estas técnicas y encerrarse en una burbuja informacional respecto a ella, donde el contacto con colegas que también la implementen termine por excluir evidencia contraria a la misma. Por esto, el psicólogo deberá mitigar este riesgo y procurar que en su práctica nunca termine envuelto en esta clase de burbujas mediante la actualización constante en el marco general de la disciplina.

La violencia en internet

Quizás una de las temáticas más sonoras tanto por la cobertura mediática como por las vivencias personales es la violencia en Internet. Esta clase de violencia está compuesta, “en general, por actos intencionales de agresión ante los otros en línea” [6] por lo que puede ir desde acciones menores, como insultar a un desconocido, hasta actos coordinados de agresión por parte de grupos hacia aquellos que consideran como un objetivo adecuado de su ira[notas 7]. En esta categoría, por lo tanto, se encuentran diversas acciones como el matoneo (escolar, laboral, y social), la suplantación de identidad con fines negativos para la persona, el acoso, la publicación de información privada sin el consentimiento de las partes, la difamación sistemática de una persona, la limitación de las capacidades de la misma a través de robo de cuentas o ataques informáticos, o reaccionar con extrema agresividad ante un comentario u opinión de un usuario.

La mayoría de los usuarios de Internet han sido, de una manera u otra, víctimas de actos violentos, pero en estudios se ha observado que estos actos son llevados a cabo por una minoría[7]. Esta distribución donde unos pocos agresores logran afectar a una gran cantidad de personas no ha de sorprender en ninguno de sus dos componentes. Por una parte, existen pocos agresores debido a que ni la tecnología por sí misma , ni la separación que se genera entre el sujeto físico y el mundo virtual son filtros para la actividad moral; en pruebas efectuadas para detectar la capacidad de las personas para emitir juicios fundados sobre dilemas morales cuándo estos se presentan en un entorno digital (por ejemplo la distribución de un virus en un foro o encriptar la información personal), se ha encontrado que los usuarios pueden llevar a cabo juicios morales consistentes con la teoría ética de fondo[8]. Esta consistencia en la capacidad moral de los individuos para tomar decisiones éticas tanto en temáticas como ambientes virtuales explica que, así como en la vida diaria, la mayoría de las personas no lleva a cabo comportamientos agresivos. Por otra parte, el impacto que tienen estos agresores sobre la mayoría de la población es muy diferente en Internet a la vida real gracias a la capacidad que tiene el medio digital de efectuar un proceso de desindividualización:

Cuando la autoconciencia de un individuo se encuentra bloqueada o seriamente reducida por las condiciones ambientales (e.g., tales como la oscuridad, presencia de grandes cantidades de otras personas), la desindividuación puede ocurrir (Diener, 1980; Zimbardo, 1970). El anonimato, los sentimientos de alta unidad de grupo, un alto nivel de satisfacción psicológica, y un enfoque en los eventos y metas externas son condiciones que se han demostrado estimulan, y frecuentemente producen, desindividuación. Algunos de los resultados provenientes de la desindividuación incluyen una reducción en la habilidad para regular el comportamiento propio, reducción en la habilidad para llevar a cabo planeación racional a largo plazo, y una tendencia a reaccionar a señales inmediatas basado en gran parte en el estado emocional actual. Aún más, un individuo tendrá una menor tendencia a que le importe aquello que los otros piensen de su comportamiento y podrá inclusive tener una menor consciencia de lo que los otros hayan dicho o hecho. Estos efectos pueden culminar en comportamientos impulsivos y deshinibidos (Zimbardo, 1970). [9]

De esta manera, la capacidad de actuar en el anonimato que ya se mencionó anteriormente (sección 1.1) y el alcance de las redes virtuales generan un campo perfecto para manifestar la personalidad agresiva de tal modo que llegue a un gran número de personas sin que por ello se vivan las consecuencias que normalmente se podrían esperar. Tanto en una comunicación cara a cara como en apariciones públicas, los efectos negativos de la agresión son bien conocidos, permanentes y se aplican constantemente sobre los agresores. Los mecanismos coercitivos, tanto morales como los legales, que llevan a los individuos a regular sus conductas agresivas, se presentan desde una etapa temprana de la crianza, informados constantemente por el estado y la sociedad; por otra parte, en la vida en línea los mecanismos de regulación son poco efectivos (un usuario que es castigado dentro de una plataforma podrá con facilidad crear otra cuenta, y en caso de desearlo podrá también cubrir los rastros que vinculen su identidad real con el yo virtual) y la formación sobre los efectos que tiene la agresión en línea sobre los individuos es mucho menos clara y consistente.

En contraposición a estas circunstancias “Los resultados de investigación mostraron que las creencias morales del individuo en contra de la agresión en Internet fueron una medida preventiva mayor de su intención para llevar a cabo comportamientos agresivos en línea. Cuando un individuo posee creencias de que la agresión en Internet es éticamente inaceptable, él o ella actuará de manera acorde y probablemente no llevará acabo un comportamiento agresivo en un cyber-entorno” (Xu, Xu and Li, 2016). De esta manera, la formación ética y moral de los sujetos pasa a jugar un papel fundamental como forma de prevenir la agresión en línea y, ante aquellos que llevan a cabo actos de violencia en los entornos digitales; reconocer las falencias en dicha formación e intervenirlas es uno de los caminos para evitar los actos violentos en Internet. Sin embargo, esta no es un fórmula única y ante los diferentes tipos de violencia en línea el psicólogo debe recurrir o hacer uso de las herramientas disponibles, acordes con su formación profesional y, además, informarse sobre las particularidades del tipo de agresión que se estén presentando para poder brindar una atención competente e íntegra.

Nuevas temáticas para los usuarios

En el contexto digital es natural que los usuarios tengan nuevas expectativas para las cuales los psicólogos deberán prepararse de tal manera que puedan prestar un servicio que cumpla con todos los estándares éticos, particularmente los exigidos por el Principio de Integridad. Tanto la manera de interpretar los comportamientos que un usuario pueda presentar en la red, así como las expectativas con las que se aproxime él a la consulta psicológica, cambiarán. Por una parte, los usuarios pueden encontrarse en situaciones que ellos mismos no pueden comprender y para los cuales requerirían un apoyo. Reconocer si acciones de agresividad en línea son parte de su personalidad, si la identidad que han construido virtualmente es representativa de quiénes son, lo significativo de las relaciones establecidas por este medio, o la manera como las acciones que llevan a cabo los representan y por lo tanto generan expectativas sobre el desempeño en el mundo físico son algunos de los aspectos en los que un usuario puede tener dudas. Sobre esta clase de problemáticas la psicología sigue llevando a cabo estudios, y será responsabilidad del psicólogo no apresurarse a sacar conclusiones y analizar con detalle el caso para poder llevar a cabo un procedimiento fundamentado que propenda por el bienestar de su consultante. Algunas preguntas concretascon las cuáles podría consultar un usuario a un psicólogo en los diferentes campos serían:

  • ¿El desempeño en una prueba laboral a distancia es representativo de aquel que se podrá esperar de quién contrate?
  • ¿Debería despedir a un empleado por su actividad en redes sociales?
  • ¿Qué efectos pueden esperarse al revivir los momentos que generaron estrés postraumático en un militar?
  • ¿La actividad en un foro puede usarse como evidencia de conducta abusiva por parte de un acusado?
  • ¿Cómo se puede enseñar a un niño a reconocer toda la información falsa que puede encontrar en línea?
  • ¿Cómo prevenir o intervenir en el matoneo en línea dentro de un colegio?
  • ¿Puede llevarse a cabo un proceso de terapia exitoso a través de intervención a distancia?
  • ¿Bajo qué condiciones puede considerarse un paciente como adicto a Internet?
  • ¿Cómo afecta la vida en un mundo virtual la relación de pareja?

Estos son solo algunos de los interrogantes que un usuario puede llegar a tener en los diferentes campos de práctica. Si bien el psicólogo podría estar tentado a dar respuestas rápidas a cada una de estas cuestiones, se recomienda revisar literatura especializada siempre que se presenten este tipo de consultas. Como se mostró anteriormente, las condiciones que impone la virtualidad implican que no hay una correlación directa entre la actividad en línea y la actividad en el mundo físico. Una recomendación particularmente útil son las revistas o publicaciones especializadas.

Existe otra modificación que se presenta en las expectativas de los usuarios: la preocupación por la información. Hay dos niveles en las que esto se puede presentar, por una parte, el comprender lo que se implica en la atención psicológica y, por la otra, respecto al cuidado y el manejo de la privacidad. Cómo se señaló anteriormente en Internet se pueden generar burbujas informacionales que pueden formar los prejuicios que tengan los usuarios sobre la psicología, opiniones no validadas científicamente que pueden llegar a afectar la labor[notas 8] y que, además puede alterar la manera de comprender del usuario las explicaciones que le dé el profesional. Por esto, el psicólogo tiene hoy en día una responsabilidad mucho más grande en el proceso de Consentimiento Informado de garantizar: la comprensión adecuada de los procedimientos que se llevarán a cabo, de tal manera que, en el diálogo, se aclaren los prejuicios del usuario, facilitar un entorno propicio para la atención psicológica y evitar expectativas que sobrepasen lo acordado respecto al proceso de atención que se ofrece. Así mismo, esta información debe ser veraz y verificable por una condición básica de la sociedad de la información: la facilidad del usuario para verificar todas las afirmaciones del psicólogo. Con la disponibilidad de recursos e información en línea, toda lo que se le comunique al usuario podrá ser corroborado con facilidad y él tiene la expectativa de que un psicólogo sea veraz, respetando el Principio de Integridad. Para que el servicio se desarrolle en buenos términos, los psicólogos deben ceñirse al estándar ético de proporcionar información completa, veraz y comprensible a sus usuarios (principio de veracidad).

La privacidad y el manejo de la información confidencial es una preocupación que en entornos virtuales se encuentra sumamente presente en la mente de los usuarios. Hechos como la regulación de Habeas Data en Colombia, la multitud de casos en los que se ha logrado robar la información de bases de datos o la publicación de archivos personales en Internet son ejemplos tanto de la preocupación por regular el almacenamiento de información privada, como de las consecuencias de no cuidarla correctamente. El psicólogo no se encuentra distante de esta responsabilidad con el usuario, él accede a información confidencial, personal e íntima de su usuario la cual se encuentra protegida por el Secreto Profesional. La expectativa del usuario es que dicha información sea protegida por todos los medios posibles, que se lleve a cabo un manejo adecuado de la misma y que, particularmente, no se vaya a dar a conocer. El psicólogo por ende debe ser sumamente cuidadoso con sus registros, garantizando la seguridad de todo lo que consigne en medios electrónicos y haciendo un manejo responsable de la información. Se recomienda particularmente leer el documento publicado por Colpsic con la autoría de Gloria María Berrío Acosta “El Registro de información en la atención psicológica”.

Retos para la prestación de servicios en línea

Usar Internet como un medio para prestar servicios de psicología es una opción atractiva para los psicólogos, no solamente para poder llegar a más clientes potenciales, sino porque esta forma de atención puede permitir llegar a usuarios que previamente hubieran dudado acceder a los servicios psicológicos. En el caso particular de la terapia, se puede tener en cuenta que también permite llegar a usuarios que por diversas razones -estar en relaciones abusivas, distancia geográfica, incapacidad para tener interacciones sociales, agorafobia, prejuicios, entre otros- no hubieran accedido a los servicios, o usuarios que consideran la virtualidad como un medio más seguro para iniciar su proceso [10]. De esta manera el acto de llevar a cabo una prestación de servicios en línea puede justificarse éticamente como una manera de lograr cumplir con el Principio de Justicia.

Sin embargo, el cambio de modalidad o medio de atención implica para el psicólogo nuevas responsabilidades éticas debido a los alcances limitados de la terapia por Internet y a los riesgos que puede tener en casos especiales. Como lo afirman autores como Anastasia et al. (2015)[10], algunos limitantes son la falta de una relación terapéutica cara a cara presencial, la carencia de pistas sociales y no verbales, y que la terapia por Internet puede ser inapropiada para ciertos grupos de riesgo, como los casos de trastorno de adicción a Internet. Estas características de la atención, señaladas para el caso de la terapia, pero extensibles a cualquier servicio psicológico prestado virtualmente, deberán ser reconocidas por el psicólogo, siempre estando atento a los límites y solamente ofreciendo servicios en los cuáles se pueda prestar la atención con la calidad y competencia requerida. Si no es posible prestar esta atención, se le deberá hacer saber al usuario, suspender el servicio y recomendar las alternativas posibles que él tendría para poder acceder a los servicios requeridos.

También deben tenerse consideraciones operativas o logísticas para garantizar la prestación de un servicio psicológico en los entornos digitales cumpliendo con todos los estándares éticos. Entre ellas, se deberán considerar el tipo de comunicación que se utilizará y como serán las sesiones teniendo en cuenta los efectos que tendría para la intervención. Así, se deberá establecer si la comunicación será exclusivamente mediante texto escrito, audio o a través de videoconferencia, también si la comunicación será simultánea o asincrónica, si habrá disponibilidad permanente para la atención o si se limitará a un tiempo establecido para ello. El psicólogo deberá evaluar y reconocer las implicaciones que cada decisión tendrá para el proceso con su usuario y brindar aquél que sea más propicio para sus necesidades. Por ejemplo, un proceso de confrontación será mucho más difícil llevarlo a cabo si la comunicación es asincrónica mientras que el seguimiento de un caso en una organización se vería facilitado por una comunicación en correos electrónicos dónde el usuario responda cuándo ocurran los eventos relevantes.

Al prestar servicios en línea también se adquiere una responsabilidad con el usuario para poder prestar el servicio de tal manera que sea técnicamente viable. El psicólogo deberá proporcionar al usuario la guía adecuada para usar las herramientas tecnológicas necesarias para el contacto, tener planes de respaldo de tal modo que pueda garantizarse la atención, indicar las razones por las cuáles las herramientas seleccionadas son las adecuadas, procurar que los canales seleccionados y los medios de almacenamiento tengan altos estándares de privacidad y seguridad -por ejemplo, mediante el uso de cifrado de la información, uso de herramientas especializadas y evitar almacenar información innecesaria- y respetar la modalidad en que se plantee la consulta.

En la siguiente presentación podrá observar como de los principios éticos se derivan responsabilidades específicas para la prestación de servicios en línea.

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Investigación en entornos digitales

Cuándo se piensa en llegar a la mayor población posible, Internet es la opción de bajo costo a la que inmediatamente se piensa en recurrir. En el caso de la investigación con participantes humanos, obtener un espacio muestral mucho más grande para aplicar las pruebas, instrumentos, encuestas, o demás elementos arrojaría, en principio, datos estadísticamente más relevantes. Utilizar un correo masivo, un formulario abierto al público, o una página interactiva que siga la actividad de sus visitantes son herramientas de aplicación sencilla que ayudan a los investigadores en psicología a obtener los datos deseados. A pesar de que esto permitirá llegar a un público mayor, el medio presenta consideraciones éticas adicionales a las ya contemplas para la investigación con seres humanos de dos tipos: para con el usuario y sobre los resultados.

Hay “tres diferencias entre la investigación en Internet y la llevada a cabo en el laboratorio que tienen consecuencia para la ética: ausencia de un investigador, falta de certeza respecto al consentimiento informado y la presentación de la información, y la potencial pérdida del anonimato y la confidencialidad” [11] que alteran la experiencia que un participante en la investigación tiene. Al no tener un investigador presente, no existe la posibilidad de responder directamente a las necesidades del usuario y, a pesar de que esto trae el beneficio de “remover la más obvia fuente de coerción que ha sido una preocupación en la investigación psicológica” [11] de tal manera que los sujetos se sentirán menos presionados a cumplir con las expectativas del investigador, al mismo tiempo aumenta la responsabilidad para el Psicólogo de que el sujeto pueda ejercer su autonomía sin limitaciones. Garantizar condiciones como la posibilidad de retirarse del estudio en cualquier momento, conocer las razones por las que está participando en el estudio, el manejo que se le darán a sus datos, quiénes podrán ver el resultado directo de su participación y qué será lo que podrán conocer, así como las situaciones que podrían causar incomodidad o que podrían motivar al sujeto a no participar, serán aspectos a tener en cuenta. También cabe recordar que cuándo el estudio ofrece alguna forma de resultados directos o tentativos el participante tiene el derecho a conocerlos y deberán ser comunicados. Cabe recordar que en ambos casos el psicólogo no estará presente para responder las dudas del usuario y por lo tanto se deberá tener un cuidado especial en la claridad de la información. Adicionalmente, es necesario tener en cuenta que estos aspectos no solamente se limitan a la comunicación en un punto aislado sino que deberán involucrarse en todo el estudio, por ejemplo, mediante la inclusión de explicaciones en detalle de cada uno de los componentes, agregando posibilidades de contacto al finalizar la actividad, teniendo un mecanismo para proporcionar el consentimiento cuándo la persona cuenta con representante legal o incluyendo en la plataforma la capacidad directa de retirarse y suspender el experimento.

Pero la preocupación ética no solamente se encuentra en el proceso con el usuario sino en los resultados obtenidos en la investigación. Tener control sobre los datos es uno de los principales problemas a los que se enfrenta el investigador para poder obtener resultados significativos y que pueda publicarlos de manera responsable. Algunas de las preguntas que debe resolver un Psicólogo que lleve a cabo su estudio con una herramienta virtual para garantizar el control de los datos obtenidos serán:

  • Si el estudio se encuentra dirigido a una población específica ¿cómo garantizar que el participante efectivamente se encuentre en dicha categoría demográfica?
  • ¿De qué manera se debe estimular a los participantes para hacer parte del estudio?
  • ¿Cómo comprobar que los participantes pueden seguir claramente las instrucciones de la prueba?
  • De acuerdo a lo presentado en la primera sección ¿Cómo establecer una correlación entre la persona virtual y el individuo material?
  • ¿Cuál método se usará para garantizar la diversidad muestral y no encontrarse dirigido a un nicho específico?

Resolver estas preguntas y tener en cuenta los cuidados señalados anteriormente llevarán al psicólogo a construir un laboratorio virtual efectivo que cumple con estándares éticos para su actividad. Las recomendaciones generales para crearlo en el mundo de internet no se separan de las señaladas por Aronson, Ellsworth, Carlsmith, y Gonzáles (1990) [12]:
Coherencia: Todo evento se debe ver como parte integral del estudio Simplicidad: se deben evitar complicaciones innecesarias Impacto: Los participantes no deben perder el interés en las tareas del estudio Consistencia: El diseño debe contribuir a la creación del mismo estado básico en todos los participantes (e.g., estado de ánimo similar, distracciones en el ambiente y carga cognitiva)

Notas y referencias


Evidenciado en la existencia de revistas como “Cyberpsychology & behavior: the impact of the Internet, multimedia and virtual reality on behavior and society” y “Cyberpsychology: Journal of Psychosocial Research on Cyberspace”. También se debe tener en cuenta la existencia del “Oxford Handbook of Internet PSychology” como evidencia de la importancia de este campo.
Por ejemplo, la Universidad de California ofrece un curso abierto de diez semanas en inglés dedicado al tema
Por ejemplo, [lhttp://www.eltiempo.com/tecnosfera/novedades-tecnologia/plataforma-digital-para-denunciar-casos-de-matoneo-en-colegios-de-colombia/16550216 los publicitados casos de matoneo o bullying] u observar alguno de los videos o trasmisiones en vivo de suicidios u otros contenidos inapropiados
Por ejemplo, que al ser parte de un departamento de recursos humanos se pida llevar a cabo un despido o tomar acciones de acuerdo a las publicaciones de un empleado en twitter, Facebook y demás redes como ocurre en algunas empresas
Existen casos en los que actividades de fantasía, juego de roles y demás terminan por establecer un perfil que puede considerarse criminal, llevar a cabo un proceso penal y que esta actividad en línea termine por tener consecuencias para la vida de la persona
Ha de notarse que esta clase de comunidades cerradas no son un desarrollo exclusivo de Internet, sin embargo, los factores señalados son un facilitador para su surgimiento. Cultos, clubs de fans, comunidades aisladas son algunos de los ejemplos de grupos en el mundo real que pueden llevar a la generación de este tipo de burbujas informacionales
En particular, cabe reconocer la autodemoninación de 4chan.net como “The Internet Rage Machine” (“La máquina de ira de Internet”), cuyos usuarios han actuado en múltiples ocasiones como “vigilantes” buscando hacer justicia por sus propias manos por aquellas causas que consideran justas. Estos actos pasan por ataques coordinados a sitios web, intrusión en la vida en línea de las personas o incluso afectar la vida diaria de las personas en el mundo real; la motivación en algunos casos puede ser por vengar actos ilegales o, en otros, violar los propios estándares de la comunidad

Como por ejemplo, considerar que la salud mental no es una ciencia o creer que existen procesos de cura definitivos para las condiciones psicológicas

Referencias
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