Principio de Beneficencia

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Por Leonardo Amaya, Gloria María Berrío-Acosta, y Wilson Herrera

El principio de Beneficencia tiene una amplia tradición en la reflexión ética en medicina y psicología, lo que se hace evidente en tanto está presente de forma expresa en los principales códigos éticos y bioéticos de ambas disciplinas. El desarrollo del principio se ha producido en la medida que se han ampliado las posibilidades técnicas de las intervenciones -especialmente en el área de la salud- puesto que ya es posible demandar intervenciones con garantías objetivas de utilidad que conduzcan a un logro específico en el desarrollo de la persona o a la solución de una situación patológica o disfuncional.

En líneas generales, este principio afirma que el propósito de toda acción profesional es el de mejorar las condiciones de vida y de relación de los sujetos, incrementando el bienestar de las personas, grupos, comunidades e instituciones atendidas. En este sentido, la beneficencia está relacionada con el Principio de No maleficencia ya que si la primera exigencia ética de la tradicional ciencia biomédica es no causar daño, una medida primaria es procurar que no se someta a nadie a procedimientos fútiles o temerarios que puedan entrañar riesgos.

Principios éticos en un minuto:


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Definición

Los psicólogos se esfuerzan por beneficiar a aquellos con quienes trabajan. Se aseguran de mantener altos estándares de competencia en su trabajo en beneficio de los mejores intereses de los usuarios y de salvaguardar los derechos de las personas, grupos, comunidades e instituciones con las que interactúan profesionalmente. Este principio también se extienda hacia los animales que se usan en las investigaciones científicas; a ellos se les debe garantizar los debidos cuidados y atención que garanticen su comodidad y reduzcan su sufrimiento.

Justificación

Este principio tiene dos justificaciones, una que tiene sus fuentes en el utilitarismo de Jeremy Bentham y John Stuart Mill y el otro en las éticas del cuidado. Para el utilitarismo, las acciones y normas son justas y por tanto moralmente justas cuando las consecuencias de ellas generan la mayor felicidad o bienestar para el mayor número. Para esta concepción, el eje de la deliberación es el bienestar no sólo cada ser humano, sino también de todo ser sintiente, es decir de los animales. En otras palabras, para el utilitarismo, el bienestar mío es tan importante como el suyo. Una segunda forma de justificar este principio se centra en el cuidado de nuestro cuerpo.

Para defensores de la ética del cuidado como Nel Noodings, nuestro cuerpo no es un simple compuesto bioquímico, sino que lo consideramos como algo profundamente nuestro donde tiene lugar nuestras vidas y en relación con el cuál tenemos tanto el derecho pero también el deber de cuidar y proteger. Bajo esta concepción, el derecho que tenemos sobre nuestro cuerpo implica una obligación de los otros de respetarlo y de ayudar en su cuidado.

Aspectos claves

Este principio reclama al profesional asegurar y mantener altos estándares de competencia en su trabajo para garantizar que sus intervenciones ofrezcan el mayor beneficio posible a su consultante.

La cronicidad, gravedad o incurabilidad no constituye motivo para privar de la asistencia psicológica a ningún ser humano.

Referentes normativos

Estándares y Normas de Conducta

Los psicólogos:

  • Hacen lo que conviene a cada ser humano respetando sus características particulares, teniendo más cuidado con el más débil o necesitado. Así mismo procuran que el beneficio de su intervención sea más abundante mientras demanda menor esfuerzo en términos de riesgos y costos.
  • Salvaguardan el bienestar y los derechos de las personas con las que interactúan profesionalmente, y de aquellas que se puedan ver afectadas directa o indirectamente por su práctica.
  • Toman las precauciones que sean necesarias para proteger el bienestar de sus usuarios en aquellas áreas en las que todavía no existan estándares reconocidos.
  • Consultan con, refieren a, o cooperan con otros profesionales e instituciones en la medida necesaria para servir mejor a los intereses de las personas, grupos, comunidades o instituciones con las que trabajan.
  • Salvaguardan el bienestar de los animales sujetos de la investigación.
  • Se esfuerzan por ser conscientes de los posibles efectos de su propia salud física y mental en su capacidad para ayudar a las personas, grupos, comunidades o instituciones a las cuales prestan sus servicios profesionales.
  • Están alerta y toman medidas para protegerse de los factores personales, financieros, sociales, organizacionales o políticos que podrían conducir a un mal uso de su influencia, debido a que sus juicios y acciones científicas y profesionales pueden afectar las vidas de otros.
  • Comunican y advierten sobre los posibles efectos negativos de las acciones de intervención de cualquiera de los miembros del equipo, cuando hacen parte de un equipo de trabajo.
  • Garantizan, mediante la oportuna consulta a profesionales, que sus clientes estén protegidos por el adecuado seguimiento de un tercero calificado, cuando son psicólogos en formación o cuando consideran que su juicio profesional requiere una consulta experta externa.


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