El Paternalismo en Psicología

De ÉticaPsicológica.org

Por Christian Alfredo Rubiano Suza y José Alexis Blanco Rodríguez . 2017

Tal y como aparece formulado en la literatura especializada, uno de los aspectos más peligrosos de la relación que hay entre el ejercicio de la psicología y sus límites es el del paternalismo. El paternalismo puede ser entendido como una interferencia en las acciones y las decisiones de un agente, dirigida contra su voluntad, pero orientada, en principio, hacia su propio bien. El paternalista no solo cree que está en capacidad de analizar mejor una determinada situación, sino que, además, no está interesado en reconocer otra opinión y, en consecuencia, ejecuta un curso de acción que a juicio propio considera como el mejor de todos.

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Por qué se cae en el paternalismo

Para los clásicos el cuidado de sí consiste en el cultivo del cuerpo y la búsqueda del autoconocimiento, con el objetivo de resolver los problemas y poder gobernar. Hablamos de salud, intelecto y control. A propósito de este último aspecto, los griegos consideran que una de las mayores fallas que pueden tener los hombres es no saber gobernarse a sí mismos y sucumbir ante el peso de sus pasiones e impulsos: el hombre que se deja llevar por la ira, el amor, la tristeza, los celos, entre otras cosas, no sería una persona virtuosa que se autogobierna, pues al no conocerse lo suficiente, no sabe controlarse y, de tal suerte, no puede afirmarse que cuida de sí.

Una de estas pasiones puede ser el a inclinación que las personas sienten para procurar lo mejor para los demás, querer que se encuentren en las mejores condiciones posibles. Para el caso de los psicólogos esto resulta fundamental tenerlo en mente ya que muchas veces sus pasiones los pueden llevar a extralimitarse, cayendo en lógicas paternalistas. Dado que los psicólogos se encuentran en la posición de ofrecer lo mejor para sus usuarios, y es su responsabilidad debido al Principio de Beneficencia, él podría olvidarse de las exigencias del Principio de Autonomía e intentar imponer su propia idea de bien al usuario, preocupándose con las mejores intenciones pero olvidándose de que esto se encuentra en contra de las preferencias del usuario.

Al momento de cuidar del usuario se está haciendo un ejercicio de la libertad y la autonomía, se espera que quién cuida de alguien no imponga su poder ni su juicio sobre el sujeto del cuidado. Pero, en la práctica y, sobre todo cuando la relación entre las personas es de naturaleza jerárquica cómo se da por el conocimiento privilegiado que tiene el psicólogo, siempre existe el riesgo que el cuidado que empezó como una escucha y se transformó en acciones concretas y discursivas, termine por imponerlas al sujeto del cuidado. Esto es, precisamente, lo que está a la base de profundos riesgos como lo son el paternalismo o las visiones asistencialistas, que le niegan al sujeto la posibilidad de elegir por sí mismo y lo condenan a tomar las decisiones que otros consideran más adecuadas para sí.

Definición

Según Roxanna Lynch (2015):

X actúa paternalísticamente hacia Y al levar a cabo (omitir) Z:
  1. Z (o su omisión) interfiere con la libertad o autonomía de Y.
  2. X lo hace sin el consentimiento de Y.
  3. X lo hace solamente porque Z incrementará el bienestar de Y (dónde esto incluye prevenir la reducción de su bienestar), o en alguna manera promueve los intereses, valores o bien de Y. [traducción propia] (p. 116).

Siguiendo las lecturas de Lynch y Dworkin, el paternalismo, en cualquiera de sus modalidades, involucra como uno de sus ingredientes principales el análisis de la justificación de quien realiza el acto paternalista. Hablamos de paternalismo cuando identificamos una justificación que suprime la autonomía, así como otro tipo de principios del centro de las consideraciones que debería tener el consultante para la toma de decisiones. En el campo de la psicología hablamos de paternalismo, por ejemplo, cuando algunas de las prácticas del profesional atentan contra principios como la autonomía, la no maleficencia y la solidaridad. Los consentimientos informados, en ese orden de ideas, son mecanismos diseñad os para que los consultantes conozcan en qué consiste un acompañamiento o intervención psicológica, cuáles son sus derechos, qué es lo que se va a hacer con la información suministrada, quién puede tener acceso a ella y cuándo se rompe el secreto profesional. Hablamos de paternalismo, en esa medida, cuando el psicólogo decide omitir de forma parcial o total algún dato o aspecto importante que el consultante debería tener en cuenta para la toma de una decisión, por ejemplo, bajo la justificación de que demasiada información puede confundir al consultante, distrayéndolo del objetivo principal. Así mismo, el paternalismo se encuentra presente en la práctica psicológica cuando, habiendo asumido el compromiso de atender a un consultante, el psicólogo niega o se abstiene de prestar la atención debida. Aquí es importante distinguir entre la negación para aceptar un consultante y la negación que se da una vez el profesional se ha comprometido a atender al paciente; ya que en el primer caso no hay fuente de obligación, mientras que en el segundo sí.

Establecer claramente las expectativas para evitarlo

La confianza significa, al menos en una definición muy general, la capacidad para creer de forma integral en las acciones, prácticas y discursos ejecutados por un agente. Confiamos, en ese orden de ideas, que el profesional al que nos acercamos no solo tenga los conocimientos adecuados para el desarrollo de dicha actividad, sino que, además, reconozca los límites de sus propias acciones. Con esto en mente, la confianza se entrega a la base de una relación de [Secreto Profesional|confidencialidad con el profesional] de la psicología en la cual el consultante revela problemas, secretos, temores e incluso fantasías, en aras de recibir una orientación apropiada a la luz de una serie de expectativas. No obstante, responder adecuadamente a dichas expectativas hace parte de la confianza, pero no la constituye en sí misma. La responsabilidad del psicólogo, en ese orden de ideas, es orientar todas sus actividades hacia la consecución de los objetivos fijados a lo largo del proceso psicológico; con lo cual, si dicho objetivo no es alcanzado en su totalidad no significa que el psicólogo haya vulnerado la confianza del paciente, sino que, dadas las circunstancias, el profesional actuó de tal manera que no prometió cosas que no se podían cumplir a cabalidad. Hacerlo, de alguna manera, no solo constituye una violación explícita a los principios de no-maleficencia y autonomía, sino que, además, significa un claro ejercicio de paternalismo.

Por esto, seguir un procedimiento juicioso y cuidadoso al inicio de una intervención psicológica de Consentimiento Informado dónde establezcamos un diálogo efectivo con el usuarioes una herramienta para prevenir esta actitud. El usuario podrá entender el carácter de su consulta, recibir los beneficios de la psicología que desee y al mismo tiempo el profesional se podrá informar sobre las preferencias del usuario y establecerá claramente los límites de su intervención para no incluir un cuidado que vaya más allá de su responsabilidad profesional.

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